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27 mar. 2009

LA DEMOCRACIA ES HIJA DE LA LIBERTAD



"La democracia es el proceso que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos." George Bernard Shaw

Decía con acierto el catedrático Jesús Mosterín en su libro “La cultura de la Libertad” (Ed. Gran Austral, 2008) que la Libertad es hacer lo que uno quiera, mientras que la Democracia es hacer lo que quieran los demás. La Libertad sólo se puede comprender desde una perspectiva individual, para nada hay una libertad social o una “libertad de la sociedad” ni nada que se le parezca. La sociedad es libre si los individuos que la conforman son libres.

La democracia se puede convertir en una tiranía fácilmente, pues si dos quieren el mal de un tercero, sólo tienen que votar para conseguirlo democráticamente, por eso la democracia requiere de unos límites que deben ser impuestos por la Justicia, unos límites que aseguren la Libertad individual.

La democracia puede asfixiar la libertad, pero también la razón, incluso la justicia como ocurre en nuestro país. Hay muchos gobiernos que se han apoyado en la democracia para construir su tiranía particular, tenemos ejemplos próximos. La Libertad solo puede tener por límites las leyes, la Democracia debe estar estrictamente regulada por Ley, ceñirse a ella y vigilarse estrictamente, porque el poder político suele traspasar la Ley para imponer sus códigos particulares, disfrazados de una democracia que realmente no lo es, con el fin de reducir la libertad. La Libertad tiene por único límite las leyes, pero no está regulada por la Ley, al contrario que la Democracia. Dentro de la ley, la libertad no admite ningún condicionamiento, la Democracia no admite nada fuera de la Ley.

La democracia sin libertad no existe, no puede existir, pero al contrario, si puede existir la libertad sin democracia. En las peores dictaduras como la nazi o la estalinista, ha habido gente que ha sido libre y ha pagado un precio elevado por ello, incluso con su vida. La libertad es la condición humana suprema y necesaria para que los seres humanos puedan desarrollarse en plenitud, sin libertad la vida degenera y se acaba extinguiendo, porque la vida humana se fragua entre la biología y la cultura. Por eso el poder trata de establecer un cordón cultural coherente con su ideología, que excluya a todas las demás.

Enemigos de la Libertad

A pesar de que la Libertad es la condición imprescindible para que la democracia esté viva, y la justicia sea independiente, hay muchos enemigos de la libertad, como denunciaron en su día Erich Fromm o Karl Popper, que fundamentan en la democracia su opresión, tanto la que ellos viven, como la que tratan de imponer a los demás. Hay mucho totalitario democrático que establece un fundamentalismo de lo accesorio para asfixiar lo fundamental. Son los que consideran que la democracia debe someter a la libertad y abjuran que sea la libertad la que determine la democracia.

Muchos ciudadanos se consideran demócratas, pero temen a la libertad, no importa la ideología, ni la formación política a las que se adhieran, en general, el poder teme a la libertad, por eso trata de regularla y reprimirla de diversas maneras, la más importante es el adoctrinamiento, sobre todo entre los más jóvenes a los que convencen de que su versión de la realidad es la única posible, haciéndoles fieles de sus revelaciones. Los socialistas, habitualmente son enemigos de la libertad, como denunciaron Hannah Arendt o Von Hayek. Pero también lo son los fascistas, en general los que buscan la fortaleza del Estado son totalitarios, porque desprecian a los seres humanos, sobre todo cuando se presentan en su condición individual. Los socialistas y fascistas tratan de clasificar a los seres humanos individuales y libres en unidades reiteradas idénticas, homogéneas y seriadas, buscando en la disolución de la masa cualquier iniciativa particular que pueda poner en peligro la estabilidad del poder. Su finalidad siempre es el control, la represión, y la coerción, tratando de eliminar cualquier posibilidad de creatividad o discrepancia que pueda poner en peligro el “status quo” adquirido por los que controlan el poder o quieren controlarlo.

Hay un elemento indispensable para comprender la relación entre la Libertad y la Democracia que es la Justicia, desde Montesquieu se considera que la separación de poderes es indispensable para evitar el totalitarismo. Sin embargo, en un país como España, podemos comprobar cómo los más altos órganos de la Justicia son elegidos por los políticos mediante acuerdos y repartos. Eso quiere decir que en España no hay garantías para que la Libertad individual sea respetada y la Democracia se convierta en un mecanismo honesto y equitativo de reparto del poder, en un clima de auténtica libertad. La abducción de la justicia por el poder político en una democracia es una infamia intolerable, que retrata a los poderosos.

Decía Pierre Joseph Proudon, un anarquista considerado el azote de Marx, en una inmortal frase que relaciona los conceptos que estamos tratando que: “El progreso no es otra cosa que la realización de la justicia siempre que se respete la libertad individual”. ¿Pero qué progreso va a producirse si no hay justicia que garantice la libertad individual, y por lo tanto la igualdad de condiciones entre ciudadanos y sus representantes políticos? Los políticos son libres de hacer lo que quieran sin rendir cuentas a nadie más que cada cuatro años en las urnas, los ciudadanos no son libres de repudiarlos, ni siquiera de exigir restitución por sus corrupciones, delitos y crímenes.

El democratismo no es democracia

En la esquizofrenia política que vivimos en España se está produciendo una deriva hacia el “democratismo”, al estilo de la Venezuela sectaria de Hugo Chávez, que nada tiene que ver con la democracia, sino con la dictadura de la ignorancia, que se opone radicalmente a la libertad, a la razón e incluso al sentido común. La democracia española ha degenerado en oclocracia hace mucho tiempo gracias a la alianza inefable entre socialistas y nacionalistas, la connivencia de los conservadores y la actitud pasmada e irresponsable de los ciudadanos. La democracia no es la madre de la libertad, sino su hija.

El simplismo socialista que nos asola ha llegado a considerar que si dos ciudadanos deciden equivocarse, tienen derecho a hacerlo, aunque sea contra un tercer ciudadano que tenga razón, que pagará igualmente las consecuencias de sus errores, además consideran que el resultado de la decisión es fruto de la democracia, cuando en realidad es resultado de la tiranía de la ignorancia más depravada que habitualmente se fundamenta en la envidia y posiblemente en la soberbia más miserable. Porque tener razón no es fácil y los que no han hecho ningún esfuerzo por adquirirla imponen su miseria a los que sí se han esforzado. Con esta magnífica fórmula, votar se convierte en un acto de irracionalidad, pero al mismo tiempo permite que los representantes políticos puedan ser todo lo irresponsables que les parezca, pues de la razón se puede prescindir fácilmente si nadie exige resultados, ¿y quién va a exigirlos si se engaña a los electores sin descanso y estos no saben discernir la falsedad en su simplicidad ingenua? Así los errores de los políticos son rápidamente obviados, pasando desapercibidos y siendo ocultados por los medios de comunicación a su servicio, que en España nunca han hecho realmente crítica al sistema político degenerado en el que pasamos nuestra existencia.

Por esta interpretación miserable de la política, con un poder judicial politizado y una libertad erradicada, se pueden producir situaciones como la ocurrida en Cataluña, cuando una oligarquía política que representa exclusivamente sus propios intereses impone una nación de diseño a un 65,7 % de ciudadanos catalanes que se consideran bastante o muy orgullosos de ser españoles y deciden no respetar la Constitución, cuando en Cataluña con una participación de más del 70 % recibió el apoyo de más del 91 % de los catalanes en su día, mientras el Estatut de Catalunya ha recibido el apoyo de un 89 % de catalanes con una participación del 36 % (un tercio de la constitucional), pero también del PSOE (Leire Pajín: "es nuestro estatuto"), el Presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero ("aprobaré lo que decida el Parlamento de Cataluña") y todos los partidos del Parlamento Español menos el PP. ¿En cuántos artículos del Estatut está representado el 65,7 %de los ciudadanos catalanes que se sienten orgullosos de ser españoles?. ¿Cómo se puede decidir sobre la soberanía de los españoles desde el Parlamento Español, si la soberanía, al contrario que la ciudadanía, es algo inherente al pueblo español directamente, intransferible, que no se puede delegar ni representar por nadie, ni por Dios, ni por el Rey, ni por los políticos? El Pueblo Español es el único soberano de España, incluidos el País Vasco y Cataluña, cualquier decisión al respecto de su destino, nos concierne a todos los españoles y no a los políticos que usurpan nuestros derechos en su representación esperpéntica.

Esto no podría ocurrir sin la connivencia de la oposición, que ante una usurpación como la cometida por los oclócratas debería abandonar el Parlamento Español hasta que se convocaran nuevas elecciones, ni sin la ayuda de los Medios de Propaganda en que se han convertido los medios de comunicación en este país (la editorial conjunta y unitaria de la prensa catalana muestra al servicio de quien están los medios de información catalanes, no al de los ciudadanos, sino al de los políticos). Noam Chomsky, el líder social de la izquierda norteamericana, dijo en cierta ocasión que: “La propaganda en una Democracia es lo mismo que la Coerción en un Estado Totalitario”. Una Democracia fundamentada en la propaganda es la antesala de un estado totalitario, sin duda alguna. Cataluña es hoy en día un ámbito del totalitarismo, como lo fue el País Vasco con el PNV, lo es Baleares, lo fue la Galicia de Touriño, la Andalucía de Chaves, la Asturias de Areces, o la Castilla La Mancha de Barreda (lugar en el que más ha crecido el analfabetismo en España). Las comunidades del PP tienen otros problemas con la corrupción y negocios inexplicables, pero en ellas la libertad no está asfixiada.

La oclocracia no es democracia

En España estamos abducidos actualmente por un régimen que nada tiene que ver con la Democracia –que pretende desde el Gobierno de España puentear una sentencia del Tribunal Constitucional para satisfacer a sus socios catalanes, en plena impunidad e ilegitimidad-; estamos viviendo en una oclocracia, que consiste en un régimen en el que un poder totalitario se apoya en una muchedumbre parasitaria.

La democracia es el Gobierno del pueblo, el gobierno que decide el pueblo, en este caso el español, no el que deciden los comités electorales de los partidos políticos, los sindicatos, colectivos, medios de comunicación y amigos del pesebre que se financian desde el Estado con el dinero de todos, dinero que el Gobierno del PSOE invierte en su auto perpetuación y permanencia, al igual que lo hace el del PP y los nacionalistas. Eso es exactamente una oclocracia, porque se convierte en una tiranía discreta, que no puede pasar desapercibida, en un “gobierno de beneficiados” a costa de perjudicar a todos los que no comparten el sectarismo del poder, que resultan damnificados, siendo la inmensa mayoría.

José Luis Rodríguez Zapatero es un traidor sobrevenido al pueblo español, porque apoyándose en los enemigos de lo común, los nacionalistas (menos del 7% del censo electoral), ha creado desigualdades, injusticias y calamidades que perjudican al conjunto de los españoles, al pueblo español. Hoy los españoles somos más desiguales entre nosotros que lo éramos antes de su llegada, hay más desempleo que nunca ha habido en España, tenemos una deuda que nos lleva al mismo borde del abismo de la quiebra y encima el ilustre cazurro se cisca en la Constitución, pactando acuerdos con Montilla y el PNV que perjudican a la inmensa mayoría de los españoles. Todo esto consentido y aplaudido desde su partido el PSOE y sin la réplica imprescindible de la oposición del PP, ocupada en hacer cálculos de hasta dónde debe dejar que se destroce España para triunfar en las elecciones por mayoría absoluta, con Rajoy, ahí es nada.

Ganaderías electorales

Mientras, una inmensa mayoría de ciudadanos españoles esperan que el desaborregamiento les llegue por ciencia infusa y en su fe de creyentes piensan que las cosas van mal, pero ya se arreglarán, por la vía del milagro. ¿Pero cómo van a arreglarse si el Presidente del Gobierno considera que el estropicio que ha armado él solito es la culminación del progreso? ¿Pero cómo van a resolverse si para cambiar la realidad tenemos que votar a los mismos (PP=PSOE) para que vuelvan a hacer más de lo mismo en la próxima legislatura? No se puede ser tan borrego y considerarse ciudadano en una democracia, por acudir a las urnas cada cuatro años a votar por los cartelitos de colores, las sonrisas de anuncio de dentífrico, y las promesas que con seguridad se incumplirán.

En este país hay mucha gente que lo va a pasar muy mal y lo peor es que piensan que van a ser otros, que a ellos no les va a tocar, porque confían en que Zapatero velará por los más débiles y si no lo hace, lo hará Rajoy. ¿Pero cómo se puede elegir entre lo malo y lo peor y quedarse tan fresco? Si son incapaces de resolver los problemas que tenemos ahora, lo van a seguir siendo en la próxima legislatura.

En este país nadie hace nada para que cambien las cosas en la política, pero todos se consideran con derecho a criticar lo que hacen los demás y a quejarse, porque consideran que la democracia es respetar el criterio de la mayoría, aunque se equivoque y nos arrastre en sus errores al más tremendo fracaso. La democracia ha permitido que los más incapaces de nuestra sociedad estén afincados hoy en el poder, contra cualquier criterio racional, evidentemente haciendo todas las trampas necesarias. En España no tenemos democracia, es lo que pienso, o en su defecto la democracia conduce al error, esencialmente cuando se aparta de la libertad y la justicia, algo que también ocurre, aquí y ahora. No tenemos democracia, por lo tanto no podemos decir que la democracia no funcione, los que con certeza o funcionamos somos los ciudadanos, al aceptar un régimen de aprovechados como paradigma de la democracia, si hacer absolutamente nada más que quejarnos y fastidiarnos.

Sin duda, me quedo con la libertad, sin libertad es imposible la democracia, la justicia y cualquier forma de civilización que no sea una tiranía del poder. Este país está lleno de enemigos de la libertad, “demócratas de salón”, opina-dores pasivos y fabulosos críticos, que no mueven un dedo siquiera por hacer que las cosas cambien. Son cómplices de lo que ocurre, son el lastre que impide que las cosas evolucionen definitivamente en este país, porque carecen de iniciativa y coraje para enfrentarse a la realidad. Son presos de las cárceles mentales que les han impuesto los políticos con "su instrucción democrática", para seguir disfrutando de sus privilegios inmerecidos mientras les oprimen sin fin.

Ser libre es una condición individual que no se hereda, ni se regala, se conquista por cada uno en cada instante y no se puede bajar nunca la guardia, porque la libertad se pierde fácilmente. ¿Pero qué batalla van a presentar los demócratas españoles que piensan que han sido adoctrinados desde la izquierda en que la libertad es un privilegio insolidario y no una condición indispensable para el funcionamiento de la democracia?

La Democracia se alimenta con Libertad, si en España tenemos una Democracia anoréxica es porque los españoles no sabemos ser libres, ni ejercer nuestra ciudadanía en libertad. ¿Cómo se puede ser libre si no se reconoce que se está oprimido por el poder político? ¿Cómo se puede tener la pretensión de que la democracia y no la justicia deba imponer los límites a la libertad como intentan convencernos los del PSOE y los nacionalistas, sin que el PP diga esta boca es mía?


Es una colaboración especial de Biante de Priena



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Publicado por Esveritate





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